Escribo estas
páginas en parte por recordar a alguien que, tras un solo encuentro, logró
dejar una impresión duradera en mí, y en parte con la esperanza de que alguien
en París (o sus alrededores) lo vuelva a encontrar. La vaga culpa que sentí
tras nuestro altercado se ha desvanecido. Poco importa si algún lector se
enfurece por lo que hice: la reacción del Discutidor era imprevisible y la
conciencia no me pesa.
Oí de él por
primera vez en The Abbey Bookshop, en la rue de la Parcheminerie, a menos de
cinco minutos del lugar donde el Discutidor trabajó. Ametrano, un amigo que
frecuentaba ese quartier y con quien
yo me topaba en circunstancias cada vez más sospechosas, me comentó que acababa
de mantener un magnífico debate sobre Baudelaire con el hombre de la Place St.
A- des Arts. A mí me sorprendió el uso del artículo definido, le pregunté qué
hombre. Fue entonces cuando mi amigo cesó de escanear las estanterías y me miró
con genuina sorpresa.
-Mais, ¡el Discutidor de Saint-Michel!
–dijo. Me encogí de hombros.
Me explicó con mucho
ripio dónde se situaba el hombre, luego se despidió sin elucidar nada más allá
de su ubicación, aunque urgiéndome que fuera a visitarlo de inmediato. Pero se
me hacía tarde, así que hube de esperar un par de días antes de conocerlo.
Llegué a la plaza
especificada una tarde. Dos hombres charlaban sentados en pequeños taburetes
plegables. Esperé. A los pocos minutos uno de ellos se levantó, le estrechó la
mano al otro, y se marchó. El hombre restante levantó un letrero de cartón que
leía:
Débat
Argument
Debate
// 2eu – 5min.
